Vi este vídeo gracias al festival internacional de cortometrajes Notodofilmfest.
Soy asídua a este tipo de formato audiovisual y, reconozco, que por falta de tiempo y rechazo al cine consumo muchos más cortos que películas.
Para entender por qué me llamó tanto la atención hay que saber de primera mano que no soy usuaria de Whatsapp pero que sí soy una habitual de las redes sociales, de manera especial de Facebook.
Procedo a enlazar el vídeo y, tras el visionado, me dispongo a comentarlo y a comentar por qué ha sido uno de los motores principales que han justificado esta investigación.
Me llamó poderosamente la atención la nueva dimensión que han adquirido las nuevas tecnologías en el desarrollo de las relaciones personales. Hemos pasado de no tener información de nuestra pareja (más que la que ella misma nos ofrecía o su círculo de amistades y conocidos) a la infoxicación gracias a las redes sociales. ¿Qué ha quedado de aquel encuentro con la madre de tu pareja en la que humillaba a este/a enseñando sus peores fotos de adolescencia? ¿Qué hay de la curiosidad por saber dónde estudió, con quién lo hizo o a qué le gusta dedicar su tiempo libre?
Hace unas semanas escuché una frase que también me dejó impactada y me animó a escribir sobre esto. Tras la celebración de San Valentín, unos amigos decidieron oficializar su relación. Lo hicieron a través de Facebook y asumieron que esa era la mejor manera de que la gente se enterara.
"Porque hoy en día, si no lo pones en Facebook, nadie lo sabe y no es amor de verdad"
Ironía o no, una ristra de 56 "Me gusta" avalaron la nueva relación presentada al mundo. Cuando me los encontré (por la calle, la red social de la vida humana sigue funcionando aunque parezca mentira) me dijeron que ya no hacía falta que fueran de la mano porque su relación ya era pública en Facebook y habían colgado varias fotos juntos.
No sería este caso tan llamativo si no fuera por el hecho de que a las tres semanas de aquel encuentro decidieron terminar la relación. El drama fue increíble, aquel "X Ya no tiene una relación con Y" fue el justificante de un ascendo a 94 "Me gusta(s)" en el perfil de uno y 84 en el de la otra persona. No sería esto tan curioso si no tuviéramos en cuenta las decenas de comentarios que sucedían al feliz desenlace de la pareja. No hace tantos años, cuando terminabas una relación te dedicabas a unir a tus mejores amigos y poder explicarles la situación en persona contándoles los motivos. Ahora lo cuelgas en tu muro, preferiblemente de una canción que denote tristeza y abatimiento absoluto.
Me llamó la atención la fuerza de muchos de los comentarios y la fugacidad de la aparición de esas personas en los muros de la ex-pareja. Aún así, más llamativo aún fue encontrármela a ella en una tienda y que me dijera indignadísima "¡Y encima me eliminó del Facebook!"
La inspiración de esta pareja, unida a la que supuso el visionado del vídeo me llevaron a pensar qué importancia tienen las redes sociales en el desarrollo de una ruptura hoy en día.
¿Hemos cambiado el tipo de duelo? ¿En qué fases lo basamos ahora?
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